El Cine de Aquí

Revista especializada en los aspectos menos conocidos del cine español

Cortos de aquí y de fuera

Carlos Carpallo Pericás

El cortometraje es el medio cinematográfico que permite mayor libertad al autor. Es barato y rápido de hacer. Se puede experimentar sin tener que dar cuentas a los productores que, en un largometraje, miden la producción al milímetro, encorsetando la obra con estadísticas y pronósticos. Incluso sin presupuesto, la mente del autor es la única limitación, pues en su mano está la posibilidad de adaptar su idea a unos medios que lo hagan posible.

“La democratización del audiovisual convierte a cada uno de nosotros en cortometrajistas en potencia, ya que todos tenemos un móvil en el bolsillo y un ordenador en casa”, afirma Antonio Sempere, periodista y crítico de cine especializado en cortometrajes. Internet nos ha facilitado nuevos métodos de financiación y lo que es aún más relevante: ha hecho posible que el  mundo entero vea nuestra obra, gracias a plataformas como youtube.

Para comprobar lo rápido que ha cambiado la industria en nuestro país solo hace falta remontarse treinta años atrás. Cuando en La Transición se creó la obligación de exhibir un corto antes de cada largo, la gente no disfrutaba con su visionado. Antonio Sempere estuvo presente: “Eran pequeños documentales, más tarde empezaron a proyectar cortos de ficción, aunque eran mucho peores que los de ahora, ¿por qué? Ahora los autores ven mucho más cine que antes; hay muchas más posibilidades. Toda esa experiencia audiovisual deja un poso.”

Otro de los factores que afectan a este proceso es la globalización, que conecta todos los países entre sí, convirtiendo al cine en algo cada vez más homogéneo y global. “Actualmente, hemos llegado a un límite en que los cortometrajes de cada país no se diferencian ni en temática ni en técnica. En todos lados se abarca cualquier género y prácticamente se usan los mismos medios”, palabras de Miguel Herrero, director del Festival de Sax.

Pese a que, por parte del público, exista un estereotipo sobre el cine español  y sea catalogado como un género propio, con los cortos no ocurre lo mismo. Cada vez atraen más al público. “Sinceramente, hacemos mejores cortos que largos”,  reconoce Esteban Crespo, director de cortometrajes como ‘Nadie tiene la culpa’, quien opina que “aún así no se valoran en su justa medida, la mayoría de productores no saben de cortos”.

Cada año surgen mayores muestras de películas de género en nuestro país. Sin embargo el encasillamiento en los géneros dramáticos y cómicos sigue siendo el principal agravio que el público echa en cara a nuestro cine. Pero al corto no se le puede acusar de esto. Según Antonio Sempere “cada cortometrajista es francotirador de su propio cine. No existe seña de identidad característica: el eclecticismo podría ser su mayor particularidad”.

Para él, “no nos quedamos atrás en medios, sino que esta afirmación es propia del victimismo español”, un complejo de inferioridad que nos hace vernos en una escala menor, por debajo de América y del resto de Europa. Pero en materia de cortos nuestro país goza de “una muy buena salud”. Es el Estado con más festivales del mundo, casi doscientos festivales se celebran al año, una cifra muy alta  para la dimensión de nuestra tierra.

A parte, la opinión que se tiene de nosotros en el extranjero es muy buena: siempre estamos muy presente en los festivales internacionales y, aproximadamente, cada dos años hay un español nominado a los Oscar, ya sea en la categoría de ficción como  en la de documental. Además, el corto que ostenta el record Guinness de mayor número de premios cosechados es español. Su título es ‘Porque hay cosas que nunca se olvidan’.

La media de cortometrajes producidos en España, a su vez, es más alta que la del resto de países. “Esto es debido a que nuestro sistema de subvenciones funciona bien, y, gracias a la rotación de festivales, un corto puede llegar a ser rentable a través de los premios”, según informa Esteban Crespo.

Es cierto que si nos comparamos con Francia, país considerado como meta a seguir por los autores, podemos palpar algunas carencias propias. Su Fondo de Apoyo a la Creación está muy asentado: el sistema de distribución cuenta con una oficina propia de cortometrajes que hace que los autores se despreocupen una vez se acaba el rodaje. Pero “lo mejor que tienen es que su público, al contrario que el español, ama su cine y se siente orgulloso de él”, medita Miguel Herrero.

Aún así, la distribución tampoco se diferencia demasiado de un país a otro. Existen dos modos de distribuir un corto: Si se tiene la suficiente experiencia puede hacerse de manera independiente. Si no, más valdría recurrir a las agencias de distribución: tienen el conocimiento necesario y los contactos como para permitir que el corto llegue a todas partes, si resulta ser lo suficientemente bueno.

El modo de entender el significado del corto sí varía en algunos países. Hay sitios donde solo es una plataforma para pasar al largo. No obstante, otros lo consideran cine en sí mismo, un medio propio. “El concepto que tengo del corto ha cambiado mucho a lo largo de mi trayectoria. Antes significaba un paso hacia una película. Ahora, para mí es cine. Cada día estoy más a gusto.”, Palabras de Esteban Crespo que añade: “por eso hay cineastas consagrados que vuelven de vez en cuando al corto, hay historias que solo se pueden contar en este medio”.

También existen diferencias de un país a otro en la forma de acceder al largo.  Según la experiencia vivida por Crespo en Chile “en Latinoamérica el tránsito es más fácil porque hay dos mercados de exhibición paralelos: uno para las películas comerciales y otro underground, para películas de presupuesto ínfimo (a partir de 3000 euros) que no llegan ni a pasarse  a 35 mm. Este mercado alternativo está conectado en la mayor parte de Latinoamérica y, aunque no genere demasiado dinero, sí permite su exhibición”.

En España se hacen unos 600 cortos al año, solo unos pocos directores logran pasar a dirigir un largo. Según Miguel Herrero “lo que de verdad hace que permanezcas en este mundo son tres cosas”: “la pasión”, no cejar en el empeño por muchos palos que te lleves. “La experiencia”, estar al tanto de cómo funciona el sistema y de toda la actualidad cinematográfica. y, por último, “la unidad”: en vez de hacer un corto por cineasta, unir el presupuesto y realizar un proyecto realmente bueno. “Si el ego de un cineasta no nubla su juicio, tarde o temprano le llegará la hora.”

Dos clases de cortos

En general, los cortos se catalogan atendiendo a dos naturalezas comunes en todos los países: los independientes  y los de escuela.Hay cortos con todos los presupuestos posibles.  En todo caso, los de escuela,  suelen tener un tope de presupuesto establecido por la propia institución.  Aunque ambos optan a subvenciones”, atestigua Arturo Ruíz Serrano, director del corto ‘La última secuencia’.

Los cortos independientes suelen tener una mayor autoría según los expertos, por buscar otros medios distintos a los que  ofrecen las escuelas o porque disfrutar de un mayor control para producir sus ideas.

Los cortos de escuela suelen ser proyectos de fin de carrera. Están producidos por la propia institución y sirven para que un alumno o grupo de estudiantes aplique toda la materia que ha aprendido con anterioridad. Se consideran peores que los independientes porque son trabajos primerizos que no cuentan con la suficiente experiencia.

Cada escuela tiene sus propias exigencias. La ESCAC, por ejemplo, es la única escuela de cine que ha creado una productora: Escándalo films. Gracias a ello, permiten a los alumnos más aventajados realizar su propio largometraje. Es el caso de Mar Coll que hace dos años rodó su primer largo ‘3 días con la familia‘.

En el 3º mundo

El Festival de Aguilar de Campoo es un festival internacional que se realiza en Palencia. Allí se proyectan cortos de todos los continentes, asegurando un premio para cada uno de ellos. Carmen Chávez es una de las personas que forman el festival, su opinión sirve para ilustrar algunas dudas sobre los cortometrajes en los países más pobres y menos conocidos cinematográficamente.

1. ¿Cómo son los cortos del tercer mundo?

En cuanto a la producción, lo general que nos llega de África y Sudamérica está coproducido por otros países como EEUU, Canadá o alguno  europeo. Esto no sucede tanto en continentes como Asia, Oceanía y Europa, que aunque existen las coproducciones, no son el grosso de lo recibido. Así, en nuestro festival, de 2500 cortometrajes recibidos en esta edición, tan solo 18 son africanos. De los cuales solo podemos encontrar 2 o 3 producciones exclusivamente nacionales.

Una de las cosas buenas que tiene pertenecer a un Festival Internacional con tanto volumen de cortometrajes es que puedes hacerte una idea bastante realista de lo que se está realizando en el mundo del cine a lo largo y ancho del planeta.

Percibimos que las temáticas que nos llegan son universales como el amor, la guerra, la amistad o la familia.  Lo que varía es el modo narrativo y los códigos internos de comunicación. El cine, junto con el resto de las artes, tiene un leguaje universal que trata todos aquellos dilemas y asuntos que pertenecen y preocupan al ser humano más allá de la cultura a la que se pertenezca.

Ahora bien, quizás el continente con el que más diferencias temáticas existe es África, pues la situación política, social y cultural de los países que la integran cuenta con problemas y situaciones diferentes a las que vivimos los  países del primer mundo. Quizás porque la globalización económica y la asimilación cultural que conlleva es más reticente en este continente.

2.  ¿Es fácil pasar en estos países de un corto al largo? 

No tenemos un conocimiento profundo de cómo funciona el mundo del largometraje en países pobres, al menos desde un punto de vista económico. Suponemos que no es fácil sacar adelante un largo, si tomamos como medida el número tan reducido de cortos que nos llegan procedentes de países como Zambia, Bolivia, Filipinas o Kazagistan.  O si atendemos al número de películas procedentes de estos países que llegan a las carteleras españolas, por ejemplo.

Hacer cine (como cualquier otro arte) fuera del circuito comercial es casi una labor heroica en cualquier parte del mundo, como per se le sucede al cortometraje.

3. ¿Cómo llegan al resto del mundo? ¿Qué valoración se tiene de ellos?

La acogida del cine de países africanos o asiáticos es muy buena.  Aunque el modo de narrar historias sea diferente al que estamos habituados, la temática es cercana y, por tanto, el público capta la esencia del cortometraje sin dificultad.

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