El Cine de Aquí

Revista especializada en los aspectos menos conocidos del cine español

Breve disección del género de terror

Carlos Carpallo Pericás

Los mitos y las leyendas de miedo ya existían desde la antiguiedad en el imaginario popular de muchos países. Pero fue en el Romanticismo donde apareció la novela de terror (o relato gótico) tal como se conoce hoy en día. Sus primeros historias  se centraban en el retorno a la vida desde la muerte. Mary Shelly, Bram Stoker o Edgar Alan Poe ofrecieron a la literatura diversas versiones sobre la figura del no muerto, cada una de ellas caracterizadas por la imaginería propia del autor.  El nacimiento del cine coincidió con estas nuevas vertientes que condicionaron este joven arte propenso a aceptar sin distinción cualquier corriente o estilo. 

Con el paso del tiempo,  ha habido grandes cambios que han afectado al género de terror . Sin embargo, en su esencia más profunda, el terror ha permanecido inalterable. Como explica Gerardo Medina, redactor de la página ‘Cinéfagos anónimos‘: “El cine de terror no ha cambiado mucho desde la etapa muda hasta la fiebre digital que vivimos actualmente. Desde Murnau hasta Carpenter el objetivo del género ha sido siempre  plasmar en la pantalla los miedos individuales y colectivos de la sociedad en la que se circunscribe. Ambos miedos van de la mano.

Los monstruos de la Universal aprovecharon los efectos secundarios de la Depresión del 29 del mismo modo que la ciencia-ficción explotó el miedo colectivo a la Guerra Fría en los 50 . Actualmente, el cine de zombis, por ejemplo, no es más que un reflejo del miedo a las grandes corporaciones, a los gobiernos que rigen nuestras vidas, a las epidemias y las guerras bacteriológicas. Hemos sustituido unos miedos colectivos por otros, mientras que los miedos individuales son siempre los mismos y se pueden seguir explotando. La única evolución visible ha sido la técnica, pero esa ha acompañado al cine en general y carece de interés en ese sentido”, Explica Medina.

El campo de la psicología también comparte esta visión. Según Vicente Pérez, psicólogo y autor del libro ‘Análisis funcional de las estrategias psicológicas de terror en el cine‘: “La reacción emocional que entendemos como miedo no solo no ha cambiado nada a lo largo de nuestra historia como especie, sino que además es muy similar a la que muestra el resto de especies animales. A pesar de que nuestros reflejos ya no se adapten tanto en el contexto actual de nuestra sociedad, nuestra especie no ha evolucionado fisiológicamente desde que se instauraron en nuestro repertorio conductual innato. En otras palabras, seguimos demostrando miedo ante los mismos elementos que el hombre de las cavernas”.

En temática sí que se ha notado un gran cambio. Según Felipe Rivero, redactor de ‘Uruloki‘, página web especializada en el género de terror y el fantástico: “El terror es un género que ha mantenido buena salud en todas las épocas desde el origen del cine. Además, se ha nutrido de la propia evolución social que hemos sufrido. La mayoría de las temáticas todavía sirven aunque tengan que adaptarse. ‘Déjame entrar’,  es un buen ejemplo de lo comentado, una historia actual basada en el mito del vampirismo.  Cuando se añaden ciertos matices sociales (en este caso el bulling) resulta tan fresco e innovador como antaño”.

Al pensar en ello Medina concluye: “Como cualquier género que se precie, el cine de terror tiene que actualizarse a los tiempos que corren si quiere seducir a un nuevo tipo de público. Si muestras a las generaciones actuales el ‘Drácula’ de Browning o el ‘Frankenstein’ de Whale seguramente esbozarán una sonrisa ante lo que están viendo. Pero para su tiempo, eran cintas terroríficas. Hoy en día, hay que trasladarlos a la actualidad sin manchar su espíritu. Rivero opina sobre  ‘Insidious’: “Las historia sobre casas encantadas pueden parecer en desuso, pero resultan igualmente innovadoras y sorprendentes si cuentan con nuevos elementos. Otra cosa es cuando se machaca la misma idea una y otra vez. Saw nació innovadora y falleció cansina”.

Para Paco Cabezas, guionista y director de “Aparecidos”, los fantasmas siguen tan vigentes como antaño: “Su misma naturaleza define el terror, no los vemos sino que los presentimos, no tienen cara, se esconden de espaldas contra la pared. Hay algo primitivo en este asunto que afecta profundamente a todos nosotros, nos genera terror y dispara nuestra adrenalina. incluso aunque no creamos en ellos. No sé muy bien porque pero es algo incontrolable”.

“El problema de estos arquetipos es lo habituados y desensibilizados que estamos ante ellos. Las brujas llevan mucho tiempo siendo banalizadas y confundidas con las hadas. Hace décadas que dejaron de ser adoradoras del diablo que se alimentan de bebés. Es difícil encontrar películas en las que ser un hombre lobo se considere una maldición. Y el vampiro ahora es taciturno y melancólico, bello, tímido y abstemio ¿Pueden todavía, después de lo dicho, producir terror estos personajes? Sí, pero cada vez lo tienen más difícil, ya no basta con su sola presencia”, reflexiona Vicente Pérez.

Yendo más allá de todos estos subgéneros, podríamos dividir el terror en dos grandes apartados: los terrores materiales y los sobrenaturales. Según Miguel Ángel Vivas, director y guionista de ‘Secuestrados’, entre ambos existe una relación: “En las épocas en las que la sociedad goza de prosperidad es cuando aparece el terror sobrenatural. En tiempos de mayor inseguridad y tensión política se consume terror material, también se usa el sobrenatural pero se contempla desde el punto de vista más realista posible. Al fin y al cabo, cuando la realidad es lo que más te asusta, no creo que ningún monstruo de tres cabezas pueda competir con ello. Lo importante no es si el terror es real o no, sino el enfoque desde el que lo contemos”.

Las diferencias significativas a la hora de crear una película sobre ambos tratamientos, para él, son perceptivas: “Por ejemplo, al plantearme ‘Secuestrados’, traté de estructurarla como una película de terror fantástica pero cambiando los elementos imposibles por otros posibles, para que el miedo fuese más cercano. No hay nada más horripilante que un terror reconocible. Un hombre desfigurado con cuchillas en las manos que se te aparece en sueños puede ser terrorífico al principio, pero sabes que nunca te lo vas a encontrar en la vida real. Por el contrario, un hombre normal y corriente que se te mete una noche no en tus sueños sino en tu casa… eso sí que nos puede pasar a todos”.

La técnica ha ido a la par en todos los géneros pero su aplicación al terror ha permitido desarrollar  unas serie de características propias del género. Las grúas y otros instrumentos de cámara pueden hacer que un plano resulte más retorcido que nunca para que los sustos sean más impactantes. El sonido se ha mejorado, colaborando con la tensión que produce la atmósfera. Los avances han posibilitado mecanismos que logran que el espectador se introduzca más en la historia.

“La primera persona en el género aumenta la experiencia del terror en sí, si el recurso está bien utilizado. Te mete en la escena, como si de un videojuego se tratara. Aumenta la sensación de inseguridad debido a que la acción subjetiva se limita al recuadro de la pantalla.  Si la cámara en primera persona gira, podemos encontrarnos cualquier peligro en primer plano y sin tiempo de reaccionar. Esto era muy eficiente en ‘[·REC]’, y también era sabiamente utilizado por John Carpenter en la secuencia inicial de ‘La noche de Halloween’ donde incluso disminuía aún más la visión al limitarla a los ojos de una máscara”, observa Gerardo Medina.

Por otro lado, la técnica ha mejorado el uso de los efectos especiales. El CGI consigue que cualquier concepto que se imagine pueda ser reproducido, aunque para algunos esto no es necesariamente bueno. Paco Cabezas afirma: “Creo que el terror necesita de elementos físicos, el resto debe sugerirlo la imaginación. Los efectos digitales no le han venido nada bien al género. A eso lo llamamos fisicidad, el terror necesita de rostros humanos y de materiales tangibles. No recuerdo ninguna película de terror de animación porque creo que no funcionaría”.

El desarrollo de los efectos especiales también ha hecho evolucionar las características del gore, creando  disparidad de opiniones respecto a su uso. Paco Cabezas piensa que el terror más extremo ha llegado hasta límites insospechados cercanos a la pornografía, como lo visto en ‘The Human Centipide’: “En mi opinión, se ha convertido en un espectáculo más cercano al Freak Show de los circos ambulantes. Se busca satisfacer el morbo por saber qué horrores o deformaciones se esconden detrás del telón. Todo ello con una coartada argumental mínima. Probar los límites de nuestra obsesión por lo siniestro y las ganas de ver más allá”.

Otros, como Vivas le dan un poco más de margen. “El gore es una herramienta más. Según cómo la uses podrás crear diferentes sensaciones. Si eres demasiado explícito en ciertas escenas puedes caer en lo paródico, no olvidemos que la parodia parte de la exageración de algo reconocible, por eso el gore derivó en los 80 a algo cómico en películas como ‘Bad Taste’ o ‘Braindead’. Yo por mi parte, en ‘Secuestrados’ no fui explícito. Sólo decidí serlo en la secuencia en que una víctima que acababa de sufrir una experiencia brutal e imperdonable arremete contra el culpable. Sabía que el público, en ese momento, llevaría una hora rechazando la violencia y en esta escena, por primera vez, podrían experimentar cierta tolerancia ante ella”.

¿Guión o dirección?

La historia nace del guión, es allí donde se relatan los hechos. Si un guión no es capar de narrar una historia que enganche ha fracasado. El guionista, por tanto, es el encargado de mantener el interés por lo que se ve. El director, a su vez, es quien debe ocuparse de que los elementos del terror funcionen. Suya es la función de crear una atmósfera a través de un equilibrio apropiado entre el suspense y la calma. También se encarga de componer los sustos, elegir los momentos justos donde suene la música y de coordinar una dirección artística lo suficientemente lúgubre.

David Muñoz, guionista de ‘El espinazo del diablo‘ y de ‘La posesión de Emma Evans’, detalla que es muy difícil leer un guión y sentir miedo. “Por ejemplo en  ‘Carretera perdida’, hay escenas donde el protagonista camina solo por un pasillo hacia una puerta cerrada. Son aterradoras. Pero en el guión solo pondría: fulanito camina hacia una puerta cerrada. Eso no da miedo. Lo que asusta es el uso que hace Lynch de herramientas que son puramente cinematográficas y que no dependen nunca de los guionistas. De hecho, si un director no es bueno, una escena que sobre el papel sugiere terror puede resultar ridícula una vez rodada”.

Para Miguel Ángel Vivas y Paco Cabezas (puede que por encargarse ellos mismos de ambos apartados), guión y dirección van unidos. Cabezas alega: “Es un género que se apoya muchísimo en la dirección y en el punto de vista de la cámara. la cámara es el espectador. Ya en el guión ese punto de vista existe y está diseñado para provocar el mayor terror posible. Para mí, dirección y guión van siempre en la misma dirección, y en el terror esto se acentúa”.

Vivas, por su parte, admite que la herramienta más importante en una escena de terror es el tiempo dramático. “En mi caso, cuando escribo un guión, muchas veces, trato de congelar el tiempo dramático tal y como haría luego al rodarlo. Me paro en las descripciones más de lo debido para que el lector entienda (o sienta) que esa escena irá más lenta que el resto. (Normalmente, las escenas de terror que más funcionan son las que llevan un tiempo dramático muy poco usado: el tiempo real)”.

Cine de terror español

La mayoría de expertos coinciden al explicar las características que destacan del terror en el cine español. “La libertad temática y argumental que tiene un cineasta español (los autores europeos en general) para desarrollar su idea es mayor, no supeditada a la decisión de un productor que finalmente puede ser quien acabe rodando la película. Esa libertad produce, en ocasiones, mejores resultados. ‘Los sin nombre’ o ‘Tesis’ no habrían sido de la misma manera sin esa libertad”, según Gerardo Medina.

Remontándose unos años el crítico explica: “Lo mismo pasa con clásicos de Paul Naschy, Jesús Franco o Narciso Ibáñez Serrador. Pese a sufrir los coletazos de la dictadura eran capaces de trasgredir polémicas y conciencias. En este sentido, los tres eran reaccionarios, hijos de su tiempo, y realizaban películas para escapar de un estado represivo, y hacer al público escapar y horrorizarse a la vez. Una vez más, el cine va unido a la sociedad y al momento histórico, y España no iba a ser diferente”.

La situación actual del cine español es algo reciente, según el psicólogo Vicente Pérez: “El cine de género en España nunca ha tenido mucha tradición. Somos un país de tragicomedia y hasta hace poco era muy extraño ver cine nacional de acción, road movies o de ciencia ficción. La mayoría de las incursiones en este tipo de géneros no han tenido una gran repercusión en el público, en algunos casos por la propia calidad del material, pero no en todos”.

Para Paco Cabezas el cine español  se caracteriza por el riesgo. “Los directores de esta generación han sabido conjugar diferentes géneros y jugar con ellos sin demasiada vergüenza. Creo que el terror como la comedia romántica, tiende a estancarse, a repetir esquemas y desde España hemos tratado de hacer algo realmente original. Centrándome en mi película, yo quería hacer algo que no se hubiese hecho antes y eso me llevo a pensar en que ninguna película de terror se había basado de manera directa en hechos reales, al menos no desde el punto de vista del drama histórico. Concluí que no había nada más horrible que lo ocurrido a los desaparecidos en Argentina, secuestrados, torturados y borrados del mapa junto a su familia. Eso me llevo a plantear una historia de terror donde uno pudiera emocionarse”.

Vivas habla también del aspecto singular de su película: “‘Secuestrados’ se asemeja a ‘Funny Games’ de Haneke, aunque antes de ésta existían otras de temática similar como ‘De repente’ u  ‘Horas desesperadas’. Entre medio, se crearon otras como ‘Los Extraños’. Cada una cuenta con un punto de vista diferente. En ‘Funny Games’ (película que me fascina), Haneke se acerca a la violencia desde un punto de vista distanciado, podríamos decir que Brechtiano, creando una relación intelectual entre el espectador y la película que está mirando. Hay violencia, la sentimos y padecemos con la película, pero siempre con una distancia entre ambos. En ‘Secuestrados’ quería eliminar ese distanciamiento. Quería que la película se enfrentarse al horror de una forma más carnal, mucho más directa. Quería hacer sentir al espectador el secuestro  en primera persona. De este modo, estaba convencido de que aún partiendo de la misma idea, serían películas muy diferentes entre ellas”.

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2 pensamientos en “Breve disección del género de terror

  1. Muy buen texto y buenos puntos de vista. Hacía tiempo que no leía algo tan interesante.

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