El Cine de Aquí

Revista especializada en los aspectos menos conocidos del cine español

Cerrado por falta de público

Moisés Martínez Jover

El ciudadano español, cada vez menos, pisa una sala de cine. El pasado 18 de mayo, por poner un ejemplo, se estrenó en España el documental sobre el Sáhara, avalado, publicitado y protagonizado por el actor español Javier Bardem, ‘Hijos de las nubes’. En una de las salas de cine de la ciudad de Alicante, el día siguiente al estreno, solamente había una persona viendo dicho documental. Un escándalo. Las cifras de asistencia en España al cine están tocando fondo. Según los datos de taquilla, películas españolas como ‘Seis puntos sobre Emma’ de Roberto Pérez Toledo o ‘El sexo de los ángeles’, premio a Álvaro Cervantes como mejor actor secundario en el Festival de Málaga y mejor fotografía digital en Málaga, apenas han sido vistas por 5.000 espectadores en todo el territorio español. Por este motivo y otros, los pequeños cines del centro de una ciudad e incluso los multicines están bajando la persiana.

Con la aparición de los multicines hace unos 15 años, el cine se ha convertido en auténticas salas de exhibición del cine comercial, pero sobre todo del cine americano. Durante toda la semana, los ‘cines de los centros comerciales’ pueden llegar a proyectar hasta 10 películas a la misma hora. “Un domingo cualquiera, al llegar al cine puedo encontrarme perfectamente que en una sala está la película española ‘Wilaya’ y en tres salas la americana ‘Los Vengadores’. Que el público tenga la opción de elegir libremente, sin que nadie le coaccione, entrar en una sala y no en otra está generando que los cines que operan en solitario hayan decidido cerrar sus puertas”, indica el crítico de cine y profesor de la Universidad Miguel Hernández de Elche, Antonio Sempere.

Al contrario, los pequeños y antiguos cines de toda la vida, los que todavía permanecen abiertos, cuentan con una o dos salas, en casos excepcionales, en las que se proyectan otro tipo de cine, un cine más tradicional, independiente o estrenos que no reclama el público de un multicines. “Quienes hemos vivido el apogeo de aquellos grandes cines sentimos una justificada nostalgia que nos retrotrae a los viejos tiempos vividos. Pero los más jóvenes, quienes no han conocido ni aquel cine clásico ni el ritual cinematográfico que conllevaba ‘ir al cine’, no pueden sentir nostalgia por lo no vivido. He conocido cines clásicos que solamente por ver su arquitectura podría pagarse la entrada y, sin embargo, han sido abandonados por un público que prefiere la diversidad de oferta en los negros salones de un famoso centro comercial”, asegura Carlos Jiménez.

Sala de cine de Alaior (Menorca) con dos espectadores

Uno de los cines que podría estar en la mente de Carlos es el ‘Cine Avenida’ en la localidad de Puertollano (Ciudad Real). Su dueña, Luisa Sanz, recuerda con alegría el día de su inauguración allá por el verano del año 1964, pero en su mente también guarda un triste recuerdo del día en que su marido decidió cerrar el negocio. “Nuestro cine funcionaba de maravilla, sobre todo en verano que lo habilitábamos para estar al aire libre. En aquella época, sentados en las sillas de madera, el público se comía un bocadillo de jamón serrano y una cerveza, nada de palomitas ni Coca Cola”, recuerda emocionada la dueña. Con respecto a la cartelera de aquellos años, Luisa Sanz presume de haber tenido en su cine hasta dos meses la misma película, cosa casi imposible en estos tiempos. “Películas como ‘La muerte tenía un precio’ o ‘Sonrisas y lágrimas’ podíamos tenerlas en cartelera durante mucho tiempo y siempre estaba el cine lleno. Al ser durante la época franquista, para captar más clientes seguíamos nuestra estrategia, hacíamos sesiones continuas, colocábamos el NO-DO y seguidamente dos películas”, afirma Luisa Sanz. Su marido se vio obligado a cerrar el cine por la ampliación del municipio de Puertollano. Hoy en día, ya no quedan restos del ‘Cine Avenida’. En el mismo sitio yace una gran cadena de supermercados.

En estos tiempos de crisis económica, ya no solo cierran los pequeños cines de ‘toda la vida’. Hasta los multicines están dejando de funcionar. Casos como el multicines Segle XXI de Terrasa o los cines del centro comercial Panoramis en Alicante llevan ya cerrados varios meses. “Esta es la ‘crónica de una muerte anunciada’. Dentro del sector, muchos nos preguntábamos si determinados empresarios de la exhibición no acababan de comprender que el mercado se estaba saturando de salas. Por el contrario, cada día aparecían más. Se sabía que no por más salas aumentarían los espectadores pero, por unos u otros intereses, las salas se multiplicaban y el público se repartía”, explica, Carlos Jiménez.

Sempere habla sobre los momentos que está viviendo el cine / Fuente: M.M.J.

Esta difícil situación económica que atraviesa España está acelerando la consolidación de los cines que han de estar y el cierre de otros que nunca debieron hacerse, “aunque ya se sabe, algún justo pagará por otros pecadores”, aclara el director del Museo del Cine. Para evitar más cierres y un hundimiento total de la taquilla e incluso algo impensable, la desaparición del cine en territorio español, hay que retocar muchas cosas. Uno de los fundadores del Colectivo de Cine de Madrid, Adolfo Garijo, cree que para evitar el cierre de las salas de cine, lo primero de todo es solucionar el tema de los precios de las entradas. “La política de encarecer progresivamente los precios ha hecho que la gente vaya menos al cine. No creo que haya sido rentable poner precios tan altos”, asevera Adolfo Garijo. De igual forma que Garijo piensa el profesor y crítico, Antonio Sempere. El profesor de la Universidad Miguel Hernández de Elche, no ve viable la posibilidad de que se bajen los precios puesto que los empresarios no van a querer hacerlo pero Antonio Sempere se muestra realista y “el hecho de que no suban los precios ya es como si bajaran, es decir, hoy en día todo está subiendo y que los precios del cine se mantengan así ya es todo un éxito. Siendo sensatos cuando el cine se pone gratis o más barato yo me quedo sorprendido. Tú vas a ver una película con estos precios y hay 4 o 5 espectadores, en cambio en la noche de un preestreno como es gratis no hay ni una butaca libre”.

Pensar que el cine pueda ser gratuito no está en la mente de ninguna persona, es una posibilidad nula. Llegará el día en el que la situación que se está viviendo en España vuelva a la normalidad y el mercado cinematográfico se afiance. “Hasta que no llegue el día, no se sabrá qué cines o empresas han sido capaces de sobrevivir. Las que se queden serán las que estabilizaran el mercado y habrá que plantearse la mejor forma para mantenerse”, revela Carlos Jiménez. La digitalización de las pantallas junto con la renovación de parque de salas son otras medidas muy oportunas, “urgentes y obligatorias”, asevera Antonio Sempere. La solución del próximo futuro del cine vendrá del estudio de la unión de esos factores y de la adaptación o imposición a unas circunstancias que también serán distintas a las actuales.

Zarautz se queda sin cine

Los más de 20.000 ciudadanos de la villa turística de Zarautz, localidad situada en el centro de la costa de la provincia de Guipúzcoa y lugar donde reside el mítico cocinero televisivo Karlos Arguiñano, han visto como desde febrero su ‘icono’ cultural cerraba sus puertas. El único cine del municipio, el emblemático ‘Cine Modelo’, fue construido en 1955 por Félix Llanos Goiburu. Hoy, 57 años después, el cine permanece cerrado porque la explotación comercial del mismo era inviable económicamente. “Se trataba de un cine de propiedad privada. Por este motivo, la propiedad dejó de acometer inversiones de mantenimiento para que las condiciones del equipamiento fueran mínimamente cómodas para los espectadores. El desencadenante final para el cierre de este fue la avería de la calefacción”, indica Fernando Llopis, encargado de Cultura del ayuntamiento de Zarautz.

Los vecinos de Zarautz se quedan sin cine / Fuente: A.L.

Cuando se cierra un cine y además es el único en un municipio, los vecinos que suelen acudir claman al gobierno pidiéndoles la creación de un nuevo cine municipal o nuevas actividades culturales relacionadas con el cine. En Zarautz así ha sido. “Hemos recibido una serie de propuestas para mantener el cine en Zarautz. Desde el departamento de Cultura hemos puesto en marcha un proceso de participación ciudadana en el que están analizando los equipamientos culturales que actualmente existen en Zarautz. Se están recogiendo propuestas para mejorar su utilización, se va a estudiar qué necesidades no se pueden satisfacer con los equipamientos existentes y, finalmente, se propondrá una serie de nuevos equipamientos para construir en el futuro”, añade, el encargado de Cultura.

En Zarautz, su equipo de gobierno ya se ha puesto manos a la obra para ofrecerles a sus vecinos unas mejoras culturales. No obstante, existen muchos municipios en los que sus cines pegaron el ‘persianazo’ y sus políticos no hacen nada al respecto. Por su parte, el encargado de Cultura de Zarautz indica que existen nuevos hábitos de consumo de cine, internet, los multicines o quedarse en casa, “lo que tenemos que hacer es analizar todos estos factores y realizar una propuesta que pasaría por un equipamiento multiusos en el que el cine tuviera su espacio”. Que tomen ejemplo los demás Ayuntamientos.

La casa de los objetos antiguos

El Museo Tecnológico y Profesional del Cine, ubicado en el antiguo Cine París de Villarejo de Salvanés (Madrid), es el fruto de la nostalgia de su fundador, Carlos Jiménez, y de su inquietud por mostrar la historia del cine a esas nuevas generaciones de hoy y del futuro. Su nacimiento estaba previsto hace seis años en la Ciudad de la Imagen de Madrid, pero la pésima situación económica que comenzó y continúa invadiendo al país y a sus proyectos, hizo fracasar esa iniciativa. Sin embargo, a 30 minutos de la capital de España quedaba el viejo Cine París. Partiendo de una iniciativa totalmente privada y, a pesar de la falta de respaldo económico de las grandes instituciones, Carlos Jiménez, director del Museo del Cine, tomó una decisión personal, “poner en marcha el primer Museo del Cine Profesional de España”, indica el director.

Una de las ayudas más importantes de Carlos y por la que asegura que sin ella no hubiera sido posible la apertura de este museo, es la de su mujer Loly Martínez. Su esposa, la mano derecha de Carlos y la primera en prestarse para rescatar objetos de los antiguos cines, solo tiene palabras de agradecimiento para su marido. “La ilusión, la nostalgia y ese sentimentalismo cinematográfico que desprende  Carlos cuando nos da alguna explicación, es tan contagioso que nos hace a los demás vivir lo que él ya vive. El cine es ilusión, él es ilusión, y quienes asistimos a sus charlas acabamos tan ilusionados como él”, afirma de forma muy orgullosa, Loly Martínez.

Estatua representativa de ‘Los Oscar’ en el Museo del Cine / Fuente: Museo del Cine

Para conocer de primera mano el funcionamiento del Museo del Cine y la influencia que puede tener este museo en la sociedad, su director Carlos Jiménez abre las puertas de su bien más preciado para mostrar el trabajo de muchos años y la cultura que se esconde en los más de mil metros cuadrados de exposición. Pasen y vean.

1. ¿Podría decirse que en el Museo del Cine permanecen la mayoría de objetos de aquellos cines que hace años cerraron sus puertas?

Exactamente. Es toda una vida dedicada a la recopilación de aquellos objetos que, una vez obsoletos para uso comercial, pasaban al mundo del coleccionismo. Durante casi cincuenta años hemos buscado, adquirido y recopilado las cabinas completas de 148 cines en España. No había internet y hubo que recorrerse toda la geografía española, además de las piezas obtenidas en otros países. El trabajo, también realizado a nivel personal, ha sido enorme (búsqueda, negociación, desmontaje, mano de obra, transportes, almacenaje, restauración…) pero se ha hecho con muchísima ilusión y hoy está dando su fruto a través de un Museo del Cine que, tras visitarlo, la gente exclama: ¡Impresionante! Los comentarios escritos en el libro de visitas dan fe de ello.

2. ¿Nunca han pensado en usar una de las salas para exhibir películas?

El Museo del Cine ocupa una extensión de1.000 metros cuadrados, sin embargo ésta es solamente una de las tres salas que tenía el antiguo Cine París. Aún quedan dos. Una de ellas, aunque ahora deshabilitada, tenía una aforo de 200 butacas. Mi intención y mi ilusión es rehabilitar en un futuro esta otra sala donde ofrecer proyecciones didácticas a los visitantes del museo y públicas en general. Considero que con ambas funciones podría mantenerse satisfactoriamente pero los tiempos son difíciles, el  museo es muy reciente y las ayudas simplemente no existen. Habrá que esperar pero lo conseguiremos. Más difícil ha sido crear el museo y ahí está.

El director, Carlos Jiménez, junto a un proyector del ‘Cine Alba’ de Madrid / Fuente: Museo del Cine

3. Con la apertura de este Museo del Cine, ¿qué pretendéis lograr en la sociedad de hoy en día?

Debido a nuestra experiencia en exposiciones itinerantes y temporales y, ahora, con las exposiciones permanentes en el museo, sabemos que el séptimo arte es un atractivo único para jóvenes y mayores, pero también un gran desconocido en su interior. Cine es fama. Los Oscar, los Goya, los actores, las alfombras rojas, el glamour, todo esto es muy conocido por todos y ejerce un magnetismo impresionante hacia todo aquello que representa físicamente a un arte tan popular. Sin embargo, si tratamos de adentrarnos en él resulta ser el gran desconocido. Es fácil comprar una revista e informarnos de la vida pública y personal de cualquier persona impregnada de la fama que proporciona el cine, pero si hiciéramos una encuesta preguntando al público sobre cómo nació el cine o cuáles fueron sus precursores muy pocos lo sabrían. Es un tema muy puntual que tampoco tiene por qué conocer quien no es experto en ello, pero de un atractivo enorme para quienes le descubren. De ahí que nuestro objetivo es mostrar la historia del cine a través del aparato proyector, sorprendiendo al visitante por lo que se cuenta e impresionándole por lo que ve. He ahí el gran atractivo y nuestro gran propósito para la sociedad de hoy, pero también para las venideras que, gracias a la conservación de las obras que mostramos y de la historia que ellas encierran, conocerán los entresijos de lo que todo el mundo dice saber pero casi nadie conoce.

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