El Cine de Aquí

Revista especializada en los aspectos menos conocidos del cine español

El retorno del cine clásico a la pantalla grande

Carlos Carpallo Pericás

La mayoría de los jóvenes considera el cine anterior a los ochenta como antiguo; cine pasado de moda que cuesta mucho de visionar. No es un dato confirmado, no se ha hecho ningún estudio sobre ello pero las distribuidoras lo dan por sentado. Conocen los intereses de los jóvenes porque la franja de edad que va desde los quince a los veinticinco años (junto con los niños) forma parte del público con mayor potencial. Son quienes más van al cine, a parte de arrastrar a amigos y familiares consigo.  Los públicos de mayor edad, pese a tener unas miras más amplias, tampoco están demasiado interesados en este cine, prefieren ver películas actuales porque son más ligeras y tratan temáticas contemporáneas. Son los cinéfilos los que aprecian de verdad los clásicos. Y no son un target muy tenido en cuenta por la industria.

Por eso, extraña la iniciativa de algunos multicines que en este último año han estado proyectando cine clásico. Hasta no hace mucho, estas películas solo podían experimentarse a lo grande en cines de barrio o en proyecciones organizadas por movimientos culturales, como los de la camon (departamento cultural de la CAM), que organizan filmotecas gratis o cobran a cambio de créditos universitarios. En todas las ciudades pueden encontrarse lugares así, pero en Madrid, la situación siempre ha estado mejor que en el resto. “Los mecanismos de distribución en Madrid potencian que, tradicionalmente, sea la comunidad más afortunada a la hora de disfrutar de más copias por sala en los estrenos y, también, de ver estos clásicos en pantalla grande”, afirma Nacho Gonzalo, administrador de la página web loqueyotediga.com. En Barcelona ocurre lo mismo, es la única ciudad que puede compararse a la capital, en este sentido.

Las posibilidades  de estos visionados empezaron a duplicarse cuando, poco a poco, algunos cines han  aceptado la oportunidad que ofrecía Clasicc Films, distribuidora que ofrece a los cines españoles copias de varios clásicos. Cines como los Verdi que, pese a ser conscientes del riesgo que corrían (más aún con el actual estado del cine y el problema del cierre de las salas), siempre han apostado por un cine alternativo (de difícil distribución o en versión original), ganándose así la confianza y el respeto de su público. Sus intenciones no son económicas: “El motivo no es otro que satisfacer nuestro apetito de ver buen cine, gracias a  copias restauradas en alta definición, que tanta falta hace en estos días. Si las programamos es porque nos gusta el cine y pensamos en nuestro público”, explica Ricard Almazán, programador de los cines Verdi en Barcelona.

La iniciativa se hubiera quedado en un territorio tan reducido de no ser porque, contra todo pronóstico, otras cadenas de carácter más comercial, como Cinebox, han recogido el testigo,  permitiendo el visionado de clásicos en todas las comunidades donde se hospedan. Desgraciadamente, el éxito no se ha repartido por igual. En Barcelona y Madrid muchas de estos pases se han amortizado con su exhibición: “Muchas películas, como las de Hitcock, ha funcionado bien pero algunas pocas, como ‘Centauros del desierto’ han perdido dinero. La gente no ha sabido valorar la gracia de ver un gran western de John Ford por todo lo grande”, estima Almanzán. En otras ciudades como Alicante o Murcia la asistencia de aficionados ha sido mucho más pobre. “En el pase de la versión original,  la pérdida es aún mayor. Tenemos que dejar bien claro en qué consiste, porque no interesa y algunos espectadores han protestado al pensar que la sesión era doblada”, reconoce Ignacio Beltrán, encargado de la taquilla de los Cinebox de Alicante.

El fracaso en estas comunidades puede deberse a la falta de un núcleo cultural tan intenso como el de la capital o, como argumenta Jorge Albert, murciano aficionado al cine clásico, simplemente por falta de información: “A mí me interesa ver cualquiera de estas películas en el cine pero muchas veces me las pierdo por desconocimiento”. El aumento de la publicidad comprobaría esta teoría porque, normalmente, solo se publicitan a través de algún póster en la taquilla días antes del estreno. En Madrid, por ejemplo, hay más información, según explica Gonzalo, quien sigue con interés toda la expectación que levanta este fenómeno: “Estas películas han tenido cierta relevancia y éxito, dentro del nicho concreto de su público. Los medios son conscientes de que necesitan un respaldo especial para no ser engullidas por los estrenos. Dentro de sus posibilidades, intentan resaltarlas, a través de sus programas y redes sociales”.

Los pases de las multisalas suelen reducirse a un par de sesiones, una para la edición doblada y otra para la versión original, entre semana y en horario nocturno. Sin embargo, pese a que, en ese horario otras películas actuales puedan recaudar lo mismo, la distribución de una película no es barata y  no se entiende la falta de explotación que sufren los clásicos por parte de los multicines. “Creo que se piensa que el público de estas películas  son personas que están informadas de antemano, por lo que no necesitan de publicidad ni que les convenzan con tráilers”, afirma Beltrán.

Tampoco se sabe por qué las cadenas se han interesado por los clásicos y muchos cuestionan que lo hagan para aumentar el prestigio de su imagen de marca. Los motivos se encaminan a un intento de imitar el éxito de los clásicos programados por la sexta3. “el cine clásico es más barato de adquirir para las cadenas, si algo ha beneficiado la crisis es que las televisiones están apostando más por este cine para cubrir los huecos de programación”, explica Gonzalo, quien sugiere también que otro factor reside en el espectador: “Cada vez es más voraz”. El éxito de la sexta3 no tiene discusión, muestra de ello es la competencia que le ha surgido a través del canal Paramount, que se ha vuelto gratuito para aprovechar este filón.

Las páginas y blogs de cine están llenas de artículos y comentarios que piden iniciativas como estas.  Existe una demanda generalizada por parte de los cinéfilos para revalorizar tanto el cine clásico y mejorar la distribución del cine alternativo. A muchos de ellos no les falta razón en sus quejas. Pero pese a los fallos de las distribuidoras estos esfuerzos deben valorarse como los logros que son. Como explica Albert: “Al espectador también le corresponde cierta responsabilidad cuando se le dan oportunidades así. De él depende que se mantengan o incluso se multipliquen experiencias como esta”.

Las alternativas de los pueblos

Los cines de los pueblos son especiales. Las sensaciones que se experimentan en ellos son incluso más intensas que las de los cines de barrio porque todo el público se conoce. A la salida de una sesión, se forman grandes corrillos donde todos cambian impresiones. De este tipo de magia han hablado películas como ‘Cinema Paradiso’ de Giuseppe Tornatore o ‘El espíritu de la colmena’ de Victor Erice. Por desgracia, muchos de estos cines han cerrado por no obtener los beneficios necesarios.

Algunos pocos han sobrevivido por la pasión de sus dueños, pero la mayoría de los habitantes de los pueblos  tienen que conformarse con las películas de la televisión o los cines de las ciudades cercanas. Sin embargo, algunos cinéfilos como Jesús Serna piensan que hay otros métodos para mantener el cine vivo en los pueblos como el suyo, Albatera: “Estamos en proceso de montar una asociación cultural y la idea es realizar cine-forums en los que también incluiríamos ciclos de cine clásico”.

Aunque no tengan muchos medios,  basta con una sala facilitada por su Ayuntamiento y un proyector. La pasión de quienes llevan a cabo este esfuerzo ha reunido, con antelación, suficientes películas para varios ciclos. “En la Biblioteca Municipal, además, tenemos más películas, tanto clásicos del cine, como películas actuales. Eso sería lo más parecido a una filmoteca que podríamos encontrar en Albatera”. Serna no sabe con exactitud si su iniciativa tendrá éxito pero los sondeos que ha realizado aumentan su confianza: “Hay gente a la que le interesa el cine, no sé si la suficiente como para llenar una pequeña sala. Pero el interés existe porque he podido conversar tanto con jóvenes como con adultos de esto”.

Un análisis del público interesado

Adolfo Garijo, Miembro del Colectivo de Cine de Madrid,  ha vivido el cine de las últimas décadas como espectador y como realizador.  Sus palabras  demuestran la pasión que tiene por el cine clásico al defenderlo. Es consciente también de los cambios que están sufriendo las pantallas de la capital, ciudad que toma como una muestra de lo que, posteriormente, ocurrirá  en el resto de España.

1.¿A qué se debe el aumento de las películas clásicas en las carteleras?

Creo que el interés por el cine clásico puede deberse al gusto del público por otro tipo de espectáculo distinto al que, actualmente,  le ofrece el mercado.  Desde hace años ha prosperado en las pantallas el espectáculo de efectos especiales en detrimento de los buenos actores, las historias con gancho, o divertidas. Socialmente esto tiene consecuencias importantes, pues los mercados parecen interesarse solamente por captar la atención de la adolescencia,  a través de películas de temática juvenil y una transformación en el lenguaje cinematográfico, entre otras cosas, a través de un acercamiento a la de estética de los videojuegos.

2.¿Qué relación tienen estas iniciativas y el éxito de películas clásicas de la sexta3?

Puede que a nivel de mercadotecnia haya una relación evidente entre el éxito de las películas en la sexta y la subsiguiente proyección en cines. Los “mercados” tienden a copiar sus éxitos para conseguir beneficios.

3.¿Tienen futuro éstas sesiones?

Sí. No debemos olvidar que existe un público “perdido” que quiere ser recuperado y volver a reír, soñar, divertirse con historias como las de antes. Si ahora no se hacen, el público vuelve a desear ver lo que ya ha visto, lo que le ha dejado buenos recuerdos. Podría decirse que las historias clásicas tienen alma y cuerpo, actores e historias. Una producción magnífica y un desarrollo admirable. Es difícil desterrarlas de las pantallas, a pesar de los esfuerzos de la actual industria.

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